lunes, 13 de agosto de 2018

Lyceum club Femenino



En 1926, en el reinado de Alfonso XIII, durante la dictadura de Primo de Rivera, un centenar de mujeres de la burguesía ilustrada española fundó en Madrid el Lyceum Club Femenino, una asociación cultural feminista, destinada a defender la igualdad femenina y la plena incorporación de la mujer al mundo de la educación y del trabajo. Esta iniciativa provocó una reacción furibunda entre los medios conservadores dele época, que llegaron a reclamar en la prensa nada menos que la «reclusión [de las asociadas] como locas o como criminales» (Iris de Paz, 1927). No obstante, el Lyceum Club de Madrid, a menudo despectivamente denominado «club de las maridas», siguió en activo durante los diez años siguientes, hasta la guerra.

Su trayectoria se había iniciado a principios del siglo XX, en Londres. El origen del Lyceum Club está estrechamente vinculado a la escritora británica Constance Smedley-Atmfield (1881 - 1941), su fundadora. En 1903, Smedley se inscribió en el Writers' Club de Londres. Allí entró por primera vez en contacto con mujeres que desempeñaban un trabajo profesional remunerado, pero queso encontraban abrumadas por un sinfín de problemas. Muchas vivían en pensiones o en habitaciones realquiladas, muy precariamente. ¿Dónde reunirse para sostener una entrevista, cerrar un negocio u obtener un contrato? Bastaba con ser vista en cualquier local público en compañía masculina para que la reputación de una mujer se pusiera en entredicho... Constance Smedley, junto con un grupo de amigas, recaudó fondos, habilitó una casa como sede, y escogió el nombre, Lyceum, palabra que al parecer en aquellos momentos se usaba en Nueva York para designar el lugar donde se celebraban conferencias y debates. Para que las futuras socias pudieran agruparse según los intereses de cada una, decidieron abrir en el club secciones estables de ciencia, arte, literatura, música y cuestiones sociales, así como hospedar a socias visitantes. Por último, el 20 de junio de 1904, en el número 128 de Piccadilly St., se inauguró oficialmente el Lyceum Club de Londres. En el discurso de apertura, lady Frances Balfour, su primera presidenta, afirmó: «Hemos creado esta casa de la que nos sentimos orgullosas porque es una casa hecha por mujeres, habitada por mujeres y dirigida por mujeres». Al reseñar el acto, la prensa londinense mencionaba, entre otras, las adhesiones de Mrs. G. K. Chesterton, Mrs. G. B. Shaw y, dato curioso para nosotros, de doña Emilia Pardo Bazán.


Por otro lado, la creación del Lyceum Club coincidía en Europa con una de las fases expansivas del movimiento sufragista y feminista. En poco tiempo, el Lyceum Club se hizo internacional: Constante Smedley misma inauguró en Berlín, en 1905, el segundo Lyceum Club; en 1906, se fundó el tercero en París; en 1913, en Bruselas; en 1914, en Nueva York; y así sucesivamente en Roma, Estocolmo, Milán, Florencia, La Haya, Innsbruck, Madrid, Barcelona, La Habana, etc. Ya desde 1908, Smedley y el grupo fundador estructuraron las relaciones internacionales de los Lyceum Club a través de una federación internacional, que reunía a todos los centros femeninos con esa denominación. Para respetar las creencias y opiniones de cada socia, el Lyceum Club se declaraba aconfesional y apolítico. La admisión como socia estaba restringida a mujeres que tuvieran en su activo trabajos literarios, artísticos o científicos, se distinguieran por su participación en obras sociales, o poseyeran títulos académicos.

En Madrid, se celebró la asamblea constituyente del Lyceum Club Femenino en abril de 1926, en la calle de Miguel Ángel, 8, bajo la presidencia de María de Maeztu. En esta primera sesión se registraron ciento quince socias y se aprobaron los estatutos de Londres. Una comisión se encargó de buscar un local para el club; otra, de la traducción y la publicación del reglamento internacional, y todas las socias, en general, de recaudar fondos. Por fin, el 4 de noviembre de 1926 se inauguró en Madrid la primera sede del Lyceum Club, en la Casa de las Siete Chimeneas, de la calle de las Infantas, 31 (posteriormente, en la calle de San Marcos, 44). Si bien los cargos fueron renovándose, la primera junta estuvo formada por María de Maeztu, como presidenta; Victoria Kent e Isabel Oyárzabal, vicepresidentas; Amalia Galarraga, tesorera; Zenobia Camprubí, secretaria; y Helen Phipps, vicesecretaria. De la sección de literatura y de la biblioteca, se ocuparon respectivamente María Lejárraga y María Martos; de la sección de arte, Carmen Baroja; de la de ciencias, María Luisa Navarro; y de las relaciones internacionales, también Camprubí. Los objetivos generales del Lyceum Club eran: defender los intereses morales y materiales de la mujer, desarrollando las iniciativas económicas, científicas y artísticas; fomentar el espíritu colectivo, facilitando así el intercambio de ideas y la compenetración de sentimientos; organizar obras de carácter social y celebrar sesiones, conferencias...

Aunque en España la recepción del Lyceum Club fue mayoritariamente adversa, en 1927 casi se había quintuplicado el número de socias. Entre las incesantes actividades que desarrolló el Lyceum Club de Madrid acaso quepa destacar una de las menos conocidas, por su carácter interno: los cursillos y seminarios de derecho que impartieron las abogadas Victoria Kent, Matilde Huici y Clara Campoamor. Al aproximarse al derecho, las mujeres cobraron conciencia colectiva de sí mismas: descubrieron su situación en los códigos civil y penal, organizaron comisiones para estudiar y redactar reformas, y elevaron públicamente sus peticiones al gobierno. Por ejemplo: Supresión del artículo 57 del Código Civil: «El marido debe proteger a la mujer y ésta obedecer al marido», sustituyéndolo por este otro: «El marido y la mujer se deben protección y consideraciones mutuas».

Supresión del artículo 438 del Código Penal: «El marido que sorprendiendo en adulterio a su mujer matase en el acto a ésta o al adúltero, o les causara lesiones graves, será castigado con la pena de destierro» (sic).

Durante la Segunda República se aprobaron, no sin polémica, algunas de aquellas exigencias. Tal vez uno de los éxitos más resonantes del Lyceum fuera las conferencias y charlas, abiertas al público masculino y a los periodistas, previa invitación. Como relata Carmen Baroja en Recuerdos de una mujer de la generación del 98, sus memorias: «Todos se pirraban por el Lyceum. No hubo intelectual, médico o artista que no diera una [conferencia]; menos Benavente, que dijo que no quería hablar a tontas y a locas». En los años de la República, con el reconocimiento del derecho femenino al voto, se recrudeció la oposición conservadora contra el Lyceum Club.

Para terminar, citaremos nuevamente a Carmen Baroja: «Durante la guerra, en el Lyceum había quedado todo intacto, no faltaba ni una cucharilla. Vinieron los nacionales y el señor, creo que Serrano Suñer, obligó a entregar todo a una delegada de Falange». Efectivamente, en [1939]], el Lyceum Club de Madrid fue «clausurado por causas políticas».

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