viernes, 21 de julio de 2017

El cura pecador de la calle de Ayala



Cuenta la leyenda que desde los años 80, el espíritu de un cura atormentado no deja vivir en paz a los vecinos de los pisos colindantes, una casa amarilla situada en el número 126.

Todo se debe al fallecimiento de un cura en ese mismo bloque cuando allí se ubicaba un prostíbulo. Desde entonces, muchos han sido los vecinos que han vendido sus pisos ante los gritos y desplazamiento de muebles que supuestamente se siguen escuchando.

El número 124 de la calle Ayala, situado en pleno barrio de Salamanca, fue en el pasado un edificio que llamaba la atención por su fachada pintada de color amarillo chillón. Hoy en día todavía resulta pintoresca, ya que mantiene su peculiar fachada retranqueada que da paso a un pequeño antejardín, pero sus paredes están ahora pintadas de gris y de un aséptico blanco que hace que muchos pasen de largo sin detenerse a descubrir los misterios que alberga. Seguro que si supieran acerca de los rumores y leyendas de las que el inmueble ha sido escenario la mirarían con otros ojos. 

Algún vecino del barrió dice recordar un trágico suceso acaecido en ese mismo número. Se cuenta que en el pasado, probablemente cuando la calle todavía era conocida como calle de los Pajaritos, todo el inmueble era un mismo chalet de cuatro pisos. Aquella suntuosa casa era utilizada como casa de lenocinio y allí, en medio de aquel lupanar, fallecería un religioso, cura en algunas versiones, obispo en otras, víctima de sus más bajas pasiones. 

No son pocos los testimonios de aquellos que a raíz de ese suceso comenzaron a oír o experimentaron algún tipo de fenomenología extraña en el inmueble. Cuando en la década de los 80 se empezaron a escuchar frecuentemente ruidos extraños en la casa algunos inquilinos de los edificios adyacentes decidieron denunciarlo ante las autoridades. Ante la ausencia de un motivo aparente que explicara el origen de aquel alboroto los vecinos se vieron obligados a convivir los inexplicables ruidos, a menudo atribuidos al espíritu penitente del clérigo muerto en el antiguo edificio. 

Un trabajador que trabajó en el inmueble durante los años 1981-1984 me contó que durante los turnos de noche los sensores de presencia se activaban sin motivo aparente. Este testigo de los extraños sucesos que allí ocurrían también me comentó que no supieron nada de lo que se rumoreaba sobre la casa hasta bastante tiempo después. Más tarde se harían eco de las leyendas que rodean a la casa. Entre ellas no solo se hallaba la del malogrado cura, también se hablaba, según cuenta el testigo, de dos o tres prostitutas muertas y otros detalles escabrosos que agregaban más morbo a la leyenda. 

Entre la abundante rumorología relacionada con el lugar se encuentra la historia de un joven que un acceso de locura estuvo a punto de quitarse la vida allí mismo. También se cuenta que la casa se ilumina misteriosamente cada día a la misma hora: las 19:10 horas. En un pasado no muy lejano la casa albergó el taller del diseñador de ropa Elio Bernhayer. En la actualidad, el edificio es utilizado como oficinas en su totalidad y ya no tiene el color que antaño le hacía resaltar entre las demás edificaciones. 

Una superstición del mundo del teatro es la que acompaña al color amarillo que, según esta creencia, trae mala suerte porque el mismo Molière murió representando su obra El enfermo imaginario vestido de ese color. Tal vez fuera aquel color el que atrajo la mala suerte al número 124 de la calle de Ayala. Hoy esta casa encantada de Madrid es de un color gris pero su leyenda sigue coloreándose de nuevos tonos cada día. Pronto nos acercaremos a descubrir nuevos detalles acerca de su historia y sus leyendas.